Raul Corrales

Una visión desde adentro

Para Rufino del Valle

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Corrales: una visión desde adentro

Por Rufino del Valle

Con más de sesenta años de trabajo como fotógrafo en periódicos, revistas, agencias y otras instituciones, así como el haber desandado por centrales azucareros y campos de caña, por barcos, avenidas y ciudades del mundo; con pescadores, obreros, estudiantes, milicianos e intelectuales; de haber publicado varios libros y de haber colaborado en un sin fin de títulos; de participar en cientos de exposiciones colectivas y personales en Cuba y el extranjero; de ilustrar trabajos de Nicolás Guillén, Onelio Jorge Cardoso, Antonio Núñez Jiménez y Ernest Hemingway, entre otros; de haber sido premiado en varias ocasiones por su meritorio trabajo con la imagen; de acompañar al Comandante en Jefe Fidel Castro en recorridos por el mundo; de participar como corresponsal de guerra durante la Batalla de Bahía de Cochinos en Playa Girón; de estar presente en los momentos históricos de la I Declaración de La Habana, de la Crisis de Octubre y del   Primer Congreso del PCC, en la nacionalización del latifundio de la UNITED FRUIT Co; de testimoniar los hitos más trascendentales de la Cuba de antes y después de la Revolución, de registrar para la posteridad los retratos de importantes figuras de la vida cubana de los últimos años del siglo XX y ante todo apoyar el carácter socialista de la Revolución Cubana; creo que con estos argumentos son más que suficientes para hablar de uno de los más importantes fotorreporteros del mundo latinoamericano: Raúl Corrales. Momento justificado para recordar a ese sencillo y gran maestro de la imagen fotográfica, de Cuba, de Latinoamérica y del mundo. Se le podía ver a ese hombre de baja estatura y barba blanca, con su inseparable pipa de donde exhalaba el aromático   tabaco cubano, en las mañanas soleadas deambulando por el pueblo de Cojímar, poblado cercano a La Habana que lo asumió como hijo adoptivo, desde que se unió a su inseparable Norma y de cuyo fruto hay una prole de dos varones y una hembra.

Nació en 1925, en un Central Azucarero de Ciego de Avila, un pueblo del centro de la isla, pero desde muy pequeño se muda junto a su familia a La Habana, y desde muy joven se le vio trabajar primeramente como vendedor de periódicos y revistas; fue valet del cantante mexicano Jorge Negrete durante sus giras por Cuba; y trabajó como mozo de limpieza, hasta   que se inicia como laboratorista y por último como fotógrafo. Aunque nació como Raúl Corral Fornos, en el mundo se le conoce artísticamente como Raúl Corrales.

No es hasta la década de 1940 que Corrales comienza a trabajar haciendo labores de limpieza en la Cuba Sono Film, una agencia publicitaria que servía al Partido Socialista Popular, hasta que empieza a realizar labores de fotógrafo (por necesidades de la propia agencia), trabajo que desempeñó junto a otro destacado fotógrafo: Pepe Tabío. Paralelamente a este trabajo cubría los actos sindicales como fotógrafo de La Asociación de la Prensa Obrera de Cuba. En 1946   entró a trabajar al periódico Hoy (también del Partido Socialista Popular) donde permaneció hasta su clausura en 1953. Después se incorporó a la revista Carteles, a la vez que laboraba con Ultima Hora y las revistas Vanidades y Bohemia. De 1957 a 1959 fue jefe de fotografía de la Publicitaria Siboney. En este período que va desde 1940 hasta la década de 1950 obtuvo conmovedoras imágenes que reflejaban las graves consecuencias de la crisis económica y los problemas de la lucha de clases; sus trabajos se enmarcaban sobre las denuncias de las condiciones en que vivían los trabajadores. De los años 50 fue compañero de andanzas del periodista Oscar Pino Santos, con el cual recorrió varias ciudades del país, documentando los avatares de la vida de entonces, los cuales fueron publicados en serie por la revista Carteles y en el 2001 el Instituto del Libro hace una tirada especial del libro "Los años 50" con la recopilación de los más trascendentales de los reportajes que publicó Carteles en su época. En su formación como fotógrafo, Corrales reconoce cierta influencia de importantes figuras como Eugene Smith, Walker Evans, Dorothea Lange y el cubano Pepe Tabío. De ellos   se interesó por los más necesitados y la manera de reflejarlos de alguna manera, dejando un testimonio imborrable para la historia gráfica de su país. Por supuesto con estos hechos tuvo que sortear varios peligros que le asechaban   a partir de la represión militar de la época.

A partir del triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959, entra a formar parte del equipo de fotógrafos del periódico Revolución y a desempeñarse como jefe de fotografía   del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) y de la revista del mismo nombre que editaba esa institución, que más tarde se llamó Cuba y con posterioridad Cuba Internacional. Desde 1963 y hasta 1973 dirige el departamento de fotografía de la Academia de Ciencias de Cuba. En 1964 por encargo de Celia Sánchez, secretaria del Consejo de Estado, se hace cargo de organizar el archivo fotográfico de la Revolución y es así como se crea el departamento de fotografía de la Oficina de Asuntos Históricos de la Secretaría de la Presidencia del Consejo de Estado, del cual fue su jefe.

A principios de 1980 visitó Nicaragua junto a los también fotógrafos cubanos Mario García Joya, Rogelio López Marín (Gory) y Rigoberto Romero, quienes trataron de reflejar lo dejado por la recién derrotada dictadura de Somoza y la recuperación del país en manos de los revolucionarios sandinistas, misión que les recordaba la triunfante Revolución Cubana, veinte años atrás.

Testigo de una época

Se puede definir el trabajo desplegado por Corrales desde sus inicios, en 1940, como una fotografía de sentido intimista y humano, con un carácter social intenso donde se traspira   derechos y justicia ante la miseria, el analfabetismo y la injusticia social. Con su inseparable cámara fotográfica, Corrales fue testigo fehaciente de momentos culminantes del devenir histórico en los últimos cincuenta años del siglo XX cubano. Como él mismo planteó, no se puede ilustrar la historia de Cuba de esos años sin su trabajo fotográfico, hecho que lo demuestra en los momentos culminantes en que su ojo adiestrado se encontraba en: el entierro del líder   sindical azucarero Jesús Menéndez; la miseria de nuestros campesinos y obreros cubanos en la lejana época republicana; la entrada triunfal del Ejército Rebelde a la capital; la Crisis de Octubre;   la primera derrota del imperialismo yanqui en Playa Girón; la Declaración del Carácter Socialista de la Revolución; la visita de Fidel Castro a Estados Unidos y Venezuela en 1959 y 1960, respectivamente; la Escuela al Campo, los primeros acontecimientos del período especial después de la caída del campo socialista, en agosto de 1994.

Casi todos los momentos culminantes de la Revolución Cubana fueron plasmados en sus negativos, pero no solamente registró esa etapa efervescente de la vida revolucionaria, también Corrales fue capaz de adentrarse en los rincones de la sociedad cubana que aparentemente es intranscendente y lo elevó a escala de galería, como la serie que denominó: La banda de nuevo ritmo; así como las fotos: Las bodas del miliciano; y   Sombreritos; entre otros.

Su obra constituye una metáfora, una   esencia visual del desarrollo de su pueblo. Es una visión desde adentro, porque desde el interior mismo de cada fotografía se puede sentir la vibrante fuerza y a la vez poética sensibilidad de una manera de expresar, no por gusto fuera el primer fotógrafo en obtener el Premio Nacional de Artes Plásticas, no por gusto fue Premio Olorum, del Fondo Cubano de la Imagen Fotográfica, por la obra de toda una vida, no por gusto fuera el primer fotógrafo en obtener el doctorado Honoris Causa del ISA en una oportunidad.

Aunque se marchó sin despedirse el sábado 15 de abril de 2006, en La Habana, valgan estas palabras para no olvidar su legado.