TITO ALVAREZ

Leyenda Irrepetible

POR RUFINO DEL VALLE


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"Las impresiones de Tito Alvarez, en blanco

  y negro son una amalgama no solamente de

sombras, luces, encuadres, ritmos y composiciones,

son además emociones, sentimientos, sensibilidades

y pasiones de un artista que junto a su pueblo

vibró alrededor de él fuera de convencionalismos

y conceptos"

Ramón Cabrales

 

Tito Alvarez: leyenda irrepetible

por Rufino del Valle

Desde cualquier perspectiva, al analizar el trabajo fotográfico de Tito Alvarez (1916-2002) se hace a través de un estudio analítico-simbólico. En sentido general; se puede decir que es un "cubano de pura cepa" y fiel exponente de la identidad nacional.

Como dijera Nelson Herrera Isla es " un habanero impar que ama esta ciudad como si hubiese nacido en ella (en realidad nació en Las Tunas y se educó en Holguín hasta que un empresario musical lo escuchó cantar en la emisora CMKF y enseguida lo contrató para grabar en La Habana) ". Fue atento a lo autóctono, fiel a sus vecinos, a su entorno, en fín, a su barrio, para dar una imagen cubanísima inseparable de los sueños, tristezas y alegrías de la ciudad. Sin proponérselo, Tito hizo una imagen reinvindicadora de los protagonistas más comunes de su barrio, haciendo que éste pasase a ocupar el rol principal del relato fotográfico como tal. En forma simple y concisa fue más allá de cualquier verbalización que encierra una fotografía. Atrapó lo que los demás no veían, lo que solamente el ojo amaestrado de un conocedor era capaz de captar y elevar a niveles decorosos de lo popular, lo folklórico y lo cotidiano. Tito Alvarez es para la fotografía cubana, lo que para Cuba es Ernesto Lecuona en la música, Amelia Peláez en la pintura y Alejo Carpentier en la literatura, al incorporar a la memoria cultural cubana una manera distinta, con referencias contextuales y psicológicas, en este caso en cada retratado. Cada retrato (cada vecino, cada personaje) asume sus características con naturalidad, sin artificios, haciendo suyo el instante preciso o el momento decisivo cartierbresiano moviéndose con expontaneidad. Fue un hombre transparente, sincero, amigable y colaborador, son estos los motivos por lo que sus imágenes también expresan ingenuidad, mirada tierna carente de maldad y con cierta chispa de humor, por eso la correlación interna entre el hombre y su obra. Tito siempre prefirió el retrato ante otros temas fotográficos, sin embargo siempre rechazó los retratos de estudios y el uso esquemático de las luces de galería. Le gustó y supo manipular con destreza el retrato con luz ambiente para dar esa sensación de naturalidad espontánea. Siempre fue fiel continuador de la técnica fotográfica y al uso del material fotosensible ante las influencias manipulativas   y transformadoras de la pintura. Son eternas imágenes de una realidad imperecedera que registró la sociedad del ayer y que sirve de memoria al mañana. Tito fue más que un artista fue realmente, el arte misma. Desde muy joven su gran sensibilidad lo llevó a la música. Comenzó en el arte como cantante de baladas, tangos y boleros y llegó a convertirse en uno de los " crooners " más famosos de Cuba. Aunque tenía, además, una gran curiosidad por la fotografía, y a los 18 años hizo su primera fotografía, afición que nunca ya abandonaría. En 1940 se traslada desde Holguín a La Habana, donde fue contratado por la CMQ, y en su debut tuvo como acompañante al compositor mexicano Agustín Lara. Viajó a México donde alternó con todos los grandes artistas de ese país, y es allí, junto al Bosque de Chapultepec, donde una tarde hace su primera fotografía artística: observó el agua no evaporada de la lluvia, que formaba un espejo bajo los árboles, la luz y las sombras. Comprendió allí que para hacer una fotografía era necesario no solamente mirar, sino ver.   Ese fue su secreto, tener la intuición del cuadro que quiere lograr a través de la fotografía. Se dio cuanta que manipulando la velocidad podía lograr verdaderas obras de arte. Siguió cantando y fue de los primeros   en aparecer en la naciente televisión cubana. Trabajó junto a figuras prominentes de la escena latinoamericana como Ernesto Lecuona, Gonzalo Roig, Félix Guerrero, González Mántici, y en México llegó a compartir un programa con Arturo de Córdova. A pesar de gozar de gran fama dentro de la música, el amor por la fotografía no lo abandonaba y en 1950 se hace miembro del Club Fotográfico de Cuba, asociación de gran prestigio dentro de la historia de la fotografía y a la cual pertenecían nombres como Abelardo Rodríguez Antes, Joaquín Blez, Rogelio Moré y muchos otros grandes artistas del lente. La pasión por la fotografía fue tan fuerte que hacia 1960 abandona toda su carrera de éxitos como cantante y se dedica exclusivamente a la fotografía. Colabora como fotógrafo en las más importantes instituciones culturales del país como el Ballet Nacional de Cuba, Casa de las Américas y la revista Revolución y Cultura. Durante 40 años se dedicó a fijar la memoria cultural y social de su pueblo; a él se deben series como "Gente de mi barrio", "Mercaderes 111", "En el parque" y "Con un poco de humor". A ella se une una galería de retratos, donde aparecen importantes personalidades de la cultura junto a simples personajes costumbristas de nuestra rica tradición popular, en algunos casos predeterminados, pero en otros son "instantes decisivos" a lo Cartier Bresson.

Siempre fue, y así lo expresó en sus imágenes, un hombre humilde, tranquilo y sincero como sus propias fotografías, haciendo con ella: cubanía.